RESTAURANTE GULA BAR BCN TAPAS BOCADOS Y PLATILLOS

La vida es como entrar en un cine con la película empezada. Cuando tomas consciencia, ya han pasado un montón de cosas y el equipaje que llevas es inmenso. La suma de tu personalidad y tus experiencias hace que veas el mundo de una manera única.

RESTAURANTE GULA BAR BCN TAPAS

Cuando entras en un restaurante, la película lleva un buen rato empezada y la primera parte ha sido diferente para cada comensal.

La mochila con la que llegas va a condicionar tremendamente la experiencia. La edad, por ejemplo, es determinante. Con 20 años hay muchas más primeras veces que con 40.

RESTAURANTE GULA BAR BCN TAPAS

El año pasado, por ejemplo, estuve en un viaje de prensa y la mayoría de los asistentes no había probado nunca las ostras. Uno podría pensar que, con tan poco bagaje, no se puede explicar la experiencia en condiciones. Sin embargo, si tu audiencia tampoco las ha probado, seguro que es interesante que se lo expliquen como la primera vez.

Vamos, que está bien conservar capacidad de sorpresa, la gente que va por el mundo de vuelta de todo es insoportable.

RESTAURANTE GULA BAR BCN TAPAS

Sin hiperventilar pero con ganas de dejarse llevar, intentando aligerar la mochila al máximo. Así llegamos a Gula Bar, un restaurante de Barcelona con raciones y platos interesantes.

El local es pequeño, las mesas, algunas bajas y otras altas con taburetes, están dispuestas alrededor de la cocina, que es abierta. Un ventanal grande deja entrar la luz, aunque al estar en una calle estrecha, el local es más bien oscuro.

Los fines de semana es imprescindible reservar y hay dos turnos. Su éxito es evidente.

La carta está dividida en tapitas, con bravas, ensaladilla o berberechos; bocados, con croquetas, empanadas o tacos; platillos, con pulpo, anticucho o picanha; y, finalmente, postres, con tiramisú, chocolate y especias o pantera rosa. Os la dejo al final, por si os apetece echar un vistazo. El ticket medio ronda los 30€, aunque depende mucho de lo que bebas, la carta de vinos no es convencional.

RESTAURANTE GULA BAR BCN TAPAS

Empezamos con las croquetas. De bacalao ¨a la llauna¨, receta típica catalana, en la que se fríe el bacalao, desalado en remojo y enharinado. Después se acompaña de ajos, pimentón dulce y alubias.

En Gula Bar hacen algo parecido, después empanan con panko, lo que permite calentar mucho el interior, sin que se rompa. Sirven un par, con unos tacos de bacalao marinado con el aceite de “la llauna” y un poco de salsa. Crujientes por fuera y líquidas por dentro.

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Seguimos con unos mejillones de roca con escabeche de yuzu. Los abren en la brasa, conservando su agua, con la que preparan el escabeche, que rematan con yuzo, un cítrico japonés que se está popularizando mucho. Quedan cremosos, con textura, suaves.

Las fronteras entre los salados para empezar y los dulces para acabar, se están difuminando. No solo hay más platos dulces como entrantes, sino que los salados están también presentes en los postres.

Gnocchis

La versión de la crema catalana de Gula Bar es un ejemplo. Una base de maíz, una especie de cuajada, con azúcar caramelizado en el momento, a la que añaden foie en cubos, curado en sal, avellanas tostadas y piel de naranja.

El resultado es curioso. Dulce, como no. Cremoso y crujiente, gracias al choclo, ese maíz de origen peruano de gran tamaño. Un plato divertido. Más bien para compartir, para una cucharada lenta, identificando los diferentes ingredientes. Destaca la presencia de la naranja, que le da equilibrio.

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Ana es panarra, así que se pidió un pan con tomate. Lo traen del Forn Sant Josep y lo sirven con el tomate rallado a parte, con un pellizco de sal y aceite de oliva virgen extra. Así te lo sirves al gusto.

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Seguimos con el plato más sofisticado. Un huevo frito con langostinos al ajillo. En la base, un tartar de langostinos, después unos cubos de patata, unos puntos de salsa, un pisto y una a base de las cabezas de los langostinos. Finalmente, unas chips de ajo. Cuecen el huevo a baja temperatura, después lo empanan con panko y lo fríen en abundante aceite.

Había probado el huevo así, aunque sin empanar. Es muy curioso. Queda el huevo semicuajado, con la yema líquida y una capa exterior crujiente. Muy bien el punto de las chips de ajo.

Lo disfrutamos mientras sonaba Teardrop, de Massive Attack, la música de la intro de House. Un gusto cuando la música no está muy alta y acompaña.

RESTAURANTE GULA BAR BCN TAPAS

En la cocina tienen un horno de carbón que utilizan en varias elaboraciones. Para tostar el pan de curry del mollete de calamares, por ejemplo. Le añaden una salsa de coco y después los calamares, los fríen en abundante aceite y, una vez bien escurridos, rematan con un allioli ahumado, sriracha y unas hojas de menta.

Para nuestra sorpresa, pica. Queda compensado con el coco, que lo suaviza, pero siempre está bien que se arriesgue en algún plato. Es para comer con las manos, como hemos hecho toda la vida para comernos un bocadillo, vamos. No es más moderno porque le llamemos “finger food”.

RESTAURANTE GULA BAR BCN TAPAS

Acabamos con uno de los platos más emblemáticos del Gula Bar, el bikini de rabo de vaca estilo vietnamita. Preparan el rabo a baja temperatura, con canela, anís estrellado, shiitake y cítricos, entre otras cosas, después separan la salsa, que reducen y lo desmenuzan. Montan un sándwich con pan de molde y lo pasan por la plancha. Añaden la salsa y lo rematan con crema agria y cilantro fresco.

El resultado es un bocado tierno, se deshace en la boca, de sabor muy intenso, rozando el salado, muy bien compensado con la crema agria. También para compartir, como casi todos los platos. Como soy un caballero, le cedo a Ana el primer bocado. O no, no sé.

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De postre, lo que llaman maíz con maíz y maíz. En la base, un helado de mantequilla salada con un praliné de cancha, lo que aquí llamamos kikos, unos cubos de lima en almibar, una espuma de maíz, y finalmente, lima deshidratada, polvo de cancha, choclos, shichimi togarashi, esa mezcla de especias, cítricos y sésamo típico de la cocina japonesa y ralladura de lima.

Un postre sorprendente. Mantecoso, intenso, con el crujiente del maíz y la frescura del helado. Con contrastes de dulces y salados y con el toque picante y ácido que le de el shichimi togarashi. Lo disfrutamos mucho.

El éxito de Gula Bar no es de extrañar. Recetas muy pensadas, originales, que permiten probar cosas diferentes, algunas exóticas, en un ambiente informal, rápido, en una buena zona de la ciudad, muy cerca del Antúnez, que visitamos hace ya algún tiempo y que os gustó mucho.

Abierto en agosto, parece que lleve ya mucho tiempo entre nosotros.




GULA BAR

Carrer del Dr. Rizal, 20.

08006 Barcelona


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