Un día comiendo en Praga: del desayuno imperial a la cantina comunista

Mostrador de Libeřské lahůdky

El tiempo da perspectiva y, pasados unos días de la visita, me pregunto si realmente comí tan bien. No tengo dudas: me gustó la cocina checa y especialmente el protagonismo que tiene en las cartas, incluso en zonas tensionadas por el turismo. Y la cerveza es una maravilla; da gusto que se la tomen tan en serio.

En este recorrido gastronómico por Praga disfrutamos de un desayuno imperial, probamos dos clásicos que recuerdan a la tortilla de patatas y a la ensaladilla, comimos en un restaurante con ecos de la era comunista, merendamos una tarta cubista y cenamos pato con chucrut.

Café Imperial: el desayuno más bonito de Praga

Desayuno en el Café Imperial

Empecé el día con un error: quería ver el Café Imperial y, una vez allí, me dejé llevar y me animé con el bufé. En realidad no hay ninguna necesidad: tienen cosas curiosas, pero no deja de ser un desayuno de hotel. Para ver el espacio, es mejor pedir un café y algo de la carta, que tiene de todo. El sitio es impresionante y el trato muy amable, aunque es todo turistas.

Aproveché para probar el koláč, un bollo circular relleno de mermelada de ciruela muy espesa. Rico, aunque excesivamente dulce para mi gusto.

Libeřské lahůdky: chlebíčky, bramborák y ensalada de patata

Bramborák en Libeřské lahůdky

Libeřské lahůdky es una cadena con bastantes ubicaciones en la ciudad. Quería bajar el desayuno, así que me di un paseo hasta la sucursal de Anděl. Su especialidad es la cocina fría checa y, en especial, el chlebíčky, una especie de montaditos.

Bramborový salát en Libeřské lahůdky

Quería probar dos cosas. El bramborák, su tortita de patata elaborada con patata rallada, huevo, harina, ajo y mejorana: una versión sencilla del schnitzel, más interesante que rica. Y la bramborový salát, una ensalada de patata con zanahoria, guisantes, pepinillos y una buena cantidad de mayonesa, que se come todo el año pero es una de las guarniciones típicas de Navidad. Un poco de atún le hubiera sentado de maravilla, pero entonces sería una ensaladilla, y no es la idea.

Me quedé con ganas de probar el sekaná, su pastel de carne, y la versión de la ensalada con jamón, pero todavía quedaban comida, merienda y cena.

Jídelna Světozor: la cantina comunista más auténtica de Praga

El menú de Jídelna Světozor

De vuelta al centro para lo que probablemente fue la experiencia más auténtica del viaje. Jídelna Světozor es una cantina típica, un eco de la última etapa de la era comunista en la ciudad. Me gustó mucho la experiencia, aunque hay que estar atento: lo habitual es que a los turistas les sirvan algún plato que no está en el menú, de hecho son los únicos que aparecen traducidos.

Todo es muy económico, pero quería la experiencia real. Como el idioma era una barrera, me pedí lo mismo que la señora que tenía delante. Me sirvieron una sopa, un guiso con arroz y me cogí un té frío que ya tienen servido en tazas y que es gratuito para los jubilados.

Más que la comida, ahora más variada, lo que es un eco del pasado es la experiencia: la cola, la bandeja, el comedor totalmente funcional y sin ningún detalle estético. La variable que uno debe imaginar es la escasez, que hacía que la comida cumpliera un papel puramente funcional. Estoy seguro de que no era mala, pero sí repetitiva: por muy rico que esté un guiso, si te lo sirven un día sí y otro también, acabas aborreciéndolo.

En uno de los comentarios del último vídeo se preguntaban por qué, siendo tan rica, no hay restaurantes de cocina checa en el resto del mundo. Diría que no es una cocina que viaje bien: sin el contexto, la cerveza y el ambiente, seguro que tiene menos gracia comerse una salchicha macerada en vinagre o un queso marinado. Y también tiene que ver con que la diáspora checa está bastante dispersa.

Grand Café Orient: merienda cubista en la Casa de la Madona Negra

Interior Grand Café Orient

Para los que tenéis sensibilidad por la arquitectura y el diseño interior, la primera planta de la Casa de la Madona Negra es una visita obligada. Allí está el Grand Café Orient, probablemente el único café cubista del mundo, un estilo que duró diez minutos pero que ha tenido una influencia enorme.

Muebles Grand Café Orient

Inaugurado en 1912, el café ha sido cuidadosamente restaurado y te transporta a la vanguardia de principios del siglo XX. Pensé que estaría a tope, pero estaba vacío, así que lo disfruté especialmente.

Kubistický věneček Grand Café Orient

La idea era probar su icónico kubistický věneček, una reinterpretación geométrica del věneček tradicional checo —redondo y sencillo— que aquí es cuadrado y lleva el relleno tradicional: una crema de vainilla. Rico e interesante.

Cena en Mlsnej Kocour: pato con chucrut y knedlíky

Si os pasáis por la Iglesia de Santa Ludmila, podéis tomar una salchicha en el emblemático puesto de la misma plaza o caminar treinta segundos hasta Mlsnej Kocour. Ambas recomendaciones son de Joserra, un tipo que llevaba 26 años viviendo en Praga y que me encontró despistado en una parada de tranvía.

Me sugirió el španělský ptáček —que se traduce literalmente como «pajarito español», aunque no sé a qué viene el nombre—, un filete de ternera relleno de tocino, salchicha, pepinillo, huevo duro, cebolla y mostaza guisado en una salsa oscura.

Pero era la última cena antes de volver a casa y me apetecía el pato, también típico de la cocina checa, que sirven con col blanca y morada —un tipo de chucrut servido caliente— y dos variedades de knedlíky. Estaba riquísimo: la carne tierna y la piel crujiente. Imposible acabárselo tras tres días comiendo.

Conclusión: ¿merece la pena comer en Praga?

Hasta aquí Praga. Lo pasé en grande y me gustaría volver, con más tranquilidad. Lo que más me gustó fueron las hospoda, las tabernas dedicadas a la cerveza con su comida pro pivo —es decir, para acompañar la cerveza—, y creo que lo hubiera pasado bien en casi cualquier centro urbano de la república. Veremos si se presenta la oportunidad.

Ahora nos espera Varsovia y, como siempre, agradezco todas vuestras recomendaciones, especialmente antes de ir.

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