Cosas que hacer en Nueva York cuando tienes hambre

Escrito el 27 de julio de 2017 por

Había prometido un resumen de la visita a Nueva York. Así que vamos con un repaso a los sitios a los que volvería.

Lafayette Grand Café & Bakery, 380 Lafayette St, New York, NY

Empezaría con la cesta de pastas de Lafayette Grand Café & Bakery. Es un local enorme y, sin embargo, consiguen hacerlo acogedor. Especialmente si vas muy pronto, cuando todavía hay poca gente. Nosotros fuimos a las ocho y media y ya tienen la cocina abierta, con lo que puedes marcarte un brunch.

Para entrar al comedor, hay un pequeño mostrador en el que debes esperar hasta que un camarero te acompaña a la mesa. Da una idea de lo lleno que debe estar en hora punta.

Junto a la entrada, hay un espacio más informal, con mesas altas con taburetes pero recomiendo sentarse en el comedor y tomárselo con calma. Las mesas son de madera, lisas, muy agradables. Asientos cómodos. Servilleta de tela. Todo detalles.

Si sois cafeteros, la mejor opción es pedir un café. Te lo sirven con la leche por separado, que puedes usar o no, y te lo rellenan las veces que quieras. Detalle de calidad, el café te lo sirven de termos, no de cafeteras con café recalentado.

La cesta de pastas varía de día a día. Nos tocó un croissant de almendras, una napolitana, un par de magdalenas y un buen pan, servido con confitura y mantequilla de Vermont. Todo excelente, aunque la dosis de azúcar es algo excesiva. Igual se puede pedir a medida. No preguntamos.

El desayuno sale a unos 15 pavos, más la propina. Teniendo en cuenta la cantidad, es más que razonable.

Jack’s Wife Freda, 50 Carmine St, New York, NY

Aunque se supone que el brunch se hace cuando te saltas el desayuno y es demasiado pronto para comer, si quieres evitar la cola, recomendaría hacerlo pronto. Sobre las 10, antes de patearse la ciudad. Coger energía para un día de turismo intenso.

Jack’s Wife Freda es de las mejores opciones. Es muy de postal, pero todos es rico. Tiene dos locales, uno en West Village y otro en SoHo.

Decoración cuidada, pero simple, camareros modernos, todo sonrisas, una carta completa y platos limpios. Y cuando digo limpios, me refiero a equilibrados y muy bien presentados.

Ana probó un shakshuka a base de tomate verde, con 2 huevos al horno y una tostada de pan jalá. Simple y muy sabroso. Yo un Mediterráneo con 2 huevos over easy, ensalada picada, labne, aguacate y pan de pita. Un plato entretenido, donde la guarnición es tan importante como los huevos, una idea que me gusta mucho.

Como no, agua y café no limit. Como era muy pronto, estábamos sobreatendidos. Es decir, pasaban constantemente a ver si queríamos más agua o más café. Siempre con muy buen rollo. Ana fue feliz.

Por todo pagamos 34 dólares más propina. Si lo miras como una comida, sale bien de precio.

Everyman Espresso 136 E 13th St

Para un café rápido a media mañana o a media tarde, en Nueva York hay mil opciones. El café de especialidad ha tomado la ciudad.

Por mucho que el hipsterismo sea excesivo, todo aquello que beneficia al producto y, con ello, al productor, es bueno. Y el café es excelente. Ganamos todos.

Everyman Espresso es la cafetería de Sam Penix, uno de los más prestigiosos baristas de NY. Si hizo muy popular por un tatuaje, un I ❤ NY en el que se sustituía el corazoncito por una taza de café. Fue denunciado por uso indebido del claim y tuvo que dejar de usarlo como logo.

Ahora mismo tiene tres locales. Fuimos al original, en East Village, en la entrada de un pequeño teatro. Un sitio minúsculo con mucha vida.

Como era de esperar, un barista preciso y La Marzocco correspondiente. Pedimos latte y espresso. El café con leche los sirven en una taza alta enorme, muy cremoso. El espresso intenso, de esos que casi colocan.

Si os coge cerca, sin duda es una buena opción.

Burger Joint 119 West 56th Street, New York, NY 10019 (In Le Parker Meridien)

Supongo que uno no puede irse de Estados Unidos sin disfrutar de una buena hamburguesa. Como os podéis imaginar, en Nueva York hay para todos los gustos. Desde la más clásica de The Old Homestead Steakhouse, donde te puedes comer una hamburguesa de casi medio kilo, hasta la más moderna de Brindle Room, hecha en sartén de hierro, con queso y cebolla caramelizada.

Personalmente me gustan las hamburguesas pequeñas y en esa liga, hay una que destaca. De Burger Joint es un secreto a voces. Un local escondido en el lobby del hotel Le Parker Meridien en la 56 west. Un neón de un hamburguesa lo anuncia al fondo de un pasillo recóndito. Un sitio minúsculo, oscuro, con pintadas por todas partes.

En hora punta, es casi imposible encontrar sitio. La cola es larga, pero rápida. De hecho, cuando es tu turno, debes tenerlo claro para que no se impacienten. La carta es corta, con algunas versiones exóticas. Ana pidió una anunciada como picante. A mi me gusta la clásica cheeseburger.

La tendencia de servir hamburguesas de más de 180 gramos, imposibles de comer y sientan fatal, no va conmigo. Esta en cambio, me gustó mucho. Pan esponjoso, carne jugosa y sabrosa, muy rica. La de Ana, exótica, pero también muy rica. Las patatas finas y crujientes.

Los precios son de esperar, especialmente si pides alguna bebida con alcohol. Fuimos a deshoras y la experiencia valió la pena.

Katz’s Delicatessen / 205 E Houston St

Hay pocas cosas más neoyorquinas que el pastrami y cuando hablamos de pastrami, la visita a Katz’s es imprescindible.

Como os comentaba, fui más de Winona Ryder que de Meg Ryan, pero también tuve mi momento Meg. En Cuando Harry encontró a Sally (1989) está en su mejor momento, haciendo de ella, como siempre han hecho las grandes estrellas.

Las escena del orgasmo fingido en Katz’s es todo un clásico, igual que lo es el restaurante, así que no hay que perdérselo.

Pensé que sería una turistada y la verdad es que se ve mucho cliente local. El servicio es muy de fast food, pero te hacen sentirte agusto. Nadie te mete prisa y comes disfrutando del espectáculo. La cosa va de eso y de su pastrami.

Nos pedimos un reuben con pastrami. El clásico sándwich con queso suizo y chucrut, además de la salsa rusa. Lo sirven acompañado de pepino curado y pepenillos. El sándwich es enorme, así que compartimos uno.

El preparado de la carne tiene su origen en la necesidad de conservarla, cuando no había frigoríficos. En Katz’s lo hacen con lo que llaman brisket, corte del pecho de la ternera. La curan sumergida en salmuera con una mezcla de diferentes especias y sal nitro, que le da el característico color rosado. Después la ahuman, la cucen y, finalmente, la dejan al vapor antes de servirla.

El resultado es jugoso y tierno, con un sabor intenso a humo. Con el chucrut, la salsa y el pan de centeno, es una combinación que funciona muy bien aunque, por el tamaño, cuesta dar un bocado con todo.

Recomiendo la vista un sábado, cuando abren 24 horas. A altas horas de la noche es más divertido.

Best Pizza 33 Havemeyer St, Brooklyn, NY 11211, EE. UU.

La pizza neoyorquina es otra institución. Especialmente servida en porciones para llevar. Como Nueva York no es solo Manhattan y como el paseo por Bedfort en Brooklyn es muy típico, recomiendo la vista a Best Pizza.

Desde el vagón de metro camino de Brooklyn se ve Peter Luger, un steakhouse que nos perdimos por no reservar con tiempo. Habrá que volver.

Best Pizza es de Frank Pinello, el presentador del Pizza Show de Munchies. Son los mejores dando coolness a su contenido. Lo malo es que, cuando uno lo experimenta, sin los tatuajes y el swagger, se siente algo ridículo.

Local con cuatro mesas pensado para un bocado rápido o el popular grab-and-go. Fast food de calidad, pero fast food.

Soy muy fan de las cartas corta y esta lo es. Clásica, blanca, pepperoni, la de la abuela y una versión vegetariana.

Probamos tres, clásica, blanca y pepperoni. Como estábamos entrehoras todas fueron recalentadas y eso se nota.

Tienen un horno de leña enorme y, justo al lado, uno eléctrico donde recalientan las porciones si es necesario.

Sin duda, la mejor masa que probamos. Cuando identificas con claridad el sabor de la base, es que se están haciendo las cosas bien. El conjunto no es como para coger un metro desde Manhattan, pero es una excelente pizza y estando en Brooklyn es muy recomendable.

Fueron 17 dólares por dos porciones y dos cervezas.

Eileen’s Special Cheesecake, 17 Cleveland Pl, New York, NY

De postre, otro clásico neoyorquino. La tarta de queso. También hay mucho donde elegir y hay muy buenas en sitios en los que no son especialistas.

Si vas más por la tarta que por el local o la ubicación, Eileen’s Special Cheesecake es una excelente opción.

Está en un pequeño local de Lower Manhattan desde 1976. La decoración recuerda a una heladería, con espejos y mesas altas con taburetes.

La mayoría de la gente compra las tartas para llevar, ni hay mucho espacio, ni es un sitio especialmente acogedor. Eso sí, tiene una gran oferta de tartas de queso, con más de 20 versiones.

Nos pedimos un par de cafés y una tarta de fresa servida en porción individual. Empalagosa, dulce y sabrosa. El queso, suave y cremoso. La base crujiente y grasienta. Muy rica.

Como véis, es bastante habitual que todo sea desechable. Fijáos, las tazas de café, las tapas, el envoltorio de la tarta, el plato, el tenedor y las servilletas, menos mal que el azúcar no estaba en sobrecitos. La cantidad de desperdicio que genera una sola consumición es tremenda.

Las tartas individuales están a $3.90, la docena a $43.

Bien, esta sería una buena lista de sitios a los que ir. Si queréis más detalles, están los otros seis vídeos.

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The New York Food Chronicles: MISCELANEA
The New York Food Chronicles: COFFEE

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Un comentario

  1. Lara

    27. Jul, 2017

    Ay me encanta! Yo fui a unas cuantas, Eileen sin duda la mejor!