¡Hola! Últimamente, me peso regularmente. No es una información que utilice. Es decir, no como más o menos o hago más o menos ejercicio en función de lo que me dice la balanza. Es más por curiosidad y, de alguna manera, tener algo de control. No sea que se produzca algún desvío indeseable.

La verdad es que tengo suerte. Mi peso ronda siempre los 77 kg. Hago ejercicio y no como mucho. Algunos homenajes ocasionales si me hago, pero no es algo cotidiano, aunque lo parezca.

Además de hacer algo de deporte y comer sano y en cantidades moderadas, le debo mucho a mi constitución. Si tuviera que hacer una suposición, diría que el 50% de cómo somos se lo debemos a nuestro ADN y el otro 50 a nuestros hábitos. Así que, como en casi todo, la suerte juega un papel importante.

También es verdad que en los países en los que hay escasez de alimentos, la obesidad no existe. Pensad en ello.

Está bastante claro que comer poco, si la dieta es equilibrada, es sanísimo. Así que puedo seguir una de mis máximas también con la comida. Prefiero no tener a tener malo. Si las circunstancias me lo permiten, escojo la opción de calidad, aunque sea más escasa.

Alguien podría pensar que sólo puedes elegir cuando te lo puedes permitir. Es cierto, pero os aseguro que es más barato un kilo de sardinas frescas de aquí, que uno de merluza congelada que no se sabe de dónde ha salido.

Como os podéis imaginar, coincido habitualmente con gente del mundo de la gastronomía. Siempre me sorprende que no sigan esta máxima. La actitud de la mayoría, especialmente en los desayunos en los hoteles se podría describir con el chiste con el que empieza Woody Allen la comedia Annie Hall: «¿Conocen este chiste? Dos señoras de edad está en un hotel de alta montaña y dice una: “Vaya, aqui la comida es realmente terrible”. Y contesta la otra: “Si, y además las raciones son tan pequeñas…”.»

Para los que tenéis problemas de peso, me parece interesante esta entrada de Enrique Dans: Cuatro meses “quantifying myself”.

Respecto a la receta, poco que añadir al vídeo. Estaban muy ricos, eso sí :-) Espero que os guste. Abrazos.

Pimientos rellenos de brandada de bacalao

Ingredientes

  • 16 pimientos del piquillo
  • 500 g de bacalao en salazón
  • 1 cabeza de ajos
  • Aceite de oliva virgen extra y sal

Instrucciones

  1. Lavamos los pimientos. Los escurrimos y los ponemos en una bandeja de horno donde los untamos de aceite y los salamos. Los metemos en el horno, que está precalentado a 180º y lo dejamos una media hora.
  2. Pasado ese tiempo. Los retiramos y los dejamos enfríar cubiertos con un trapo. Los pelamos y les quitamos las semillas.
  3. En un cazo pequeño, ponemos los dientes de ajo pelados y los cubrimos bien de aceite. Encendemos el fugo y lo dejamos a fuego lento hasta que se doran los ajos.
  4. Desalamos el bacalao dejándolo en agua, entre 24 y 48 horas, cambiandola un mínimo de tres veces. Una vez desalado, lo ponemos en una cazuela, lo cubrimos de agua y encendemos el fuego, entre bajo y medio, y lo dejamos hasta que el bacalao alcanza los 55º.
  5. Lo retiramos, lo dejamos enfriar, y lo desmenuzamos, quitando espinas y piel. Lo ponemos en el baso de la batidora, añadimos el aceite aromatizado y lo batimos.
  6. Rellenamos los pimientos con la brandada y a comer.

 

Tiempo de preparación: 40 minuto(s)
Tiempo de cocción: 1 hora(s)
Número de comensales: 4

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