Comer en Praga: Utopenci, Rakvička & Chlebíčky

Pilsner Urquell en U Hrocha

Mi primer día en Praga y me he dejado llevar por lo que más me gusta. Prefiero que me llamen “impresionable” a estar de vuelta de todo. A raíz de mis vídeos en Viena, muchos locales me decían que allí no se come tan bien; pero está claro que, si eliges bien en un viaje corto, puedes comer de lujo en casi cualquier rincón del mundo.

Lázeňská 4 cafe (Praga)

Os escribo desde el hotel, editando a toda velocidad. Quiero publicar ya mismo para que, si alguno conoce la ciudad, me recomiende sitios que no debería perderme en los próximos días. ¡Vamos al lío!

U Hrocha: La autenticidad de la taberna checa

Nakládaný hermelín en U Hrocha

Nada más llegar del aeropuerto, seguí la máxima de la película El Asesino: “Cíñete al plan. Anticípate, no improvises”. El plan era un café rápido en Lázeňská 4 cafe (un éxito) y de ahí a U Hrocha (El Hipopótamo).

Utopenci en U Hrocha

Quería conocer una taberna tradicional y acerté de pleno. Abrían a las 12:00 y a las 12:05 ya había un ambiente increíble. Nada más sentarte, la mítica cerveza Pilsner Urquell llega a la mesa casi por arte de magia. El camarero marca tu consumo con una rayita en un papel; si pides otra, dos rayitas. Simple y eficaz.

Probando los clásicos: Nakládaný Hermelín y Utopenci

Tenía dos curiosidades apuntadas en la lista:

  • Nakládaný hermelín: Un queso tipo camembert marinado en aceite con especias y guindillas. Suave, cremoso e ideal para compartir.
  • Utopenci: Literalmente «ahogados». Son salchichas maceradas en vinagre con cebolla, pimiento y guindillas encurtidas.

Me quedo con el utopenci; ese toque ácido y picante con la cerveza es una combinación ganadora.

Curiosidad: Me encantó ver cómo reservaban mesas para los «habituales». En una ciudad tan turística como Praga, que el cliente local mantenga sus privilegios me parece una señal de autenticidad absoluta.

El «Pequeño Ataúd» en Cukrárna Myšák

Rakvička en Cukrárna Myšák

De la taberna nos fuimos a un clásico de 1911: Cukrárna Myšák. Allí probé el Rakvička, que significa literalmente “pequeño ataúd”. Es un bizcocho muy ligero de yema y azúcar, hueco por dentro y coronado con nata.

No es el tipo de dulce que más me entusiasma, pero como siempre digo: de comer no me gusta todo, pero me interesa todo. Acompañado de un café con leche (servido en una taza tamaño bañera), la experiencia valió la pena.

Cena rápida: Chlebíčky

Chlebíčky en Chlebíčky Letná

Para cerrar el día, algo ligero: Chlebíčky. Son los icónicos montaditos checos sobre pan de miga blanda. Elegí dos al azar:

  1. Uno de ensaladilla de surimi (curioso, sin más).
  2. Uno de jamón con base de ensalada de patata, crema de queso y pepinillo. Este sí estaba realmente rico.

Por supuesto, lo acompañé con otra Pilsner Urquell. Es como pedir una Estrella en Barcelona; lo que toca.

El primer día ha dado mucho de sí. ¡Veremos qué nos deparan los próximos!

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