RESTAURANTE BARRACA EN BARCELONA

Volvemos a primera línea de mar. De nuevo en la Barceloneta para probar el Restaurante Barraca. Con el foco puesto en los arroces, pero con ganas de probar alguna que otra cosa más.

Está situado frente al paseo marítimo, con vistas a la playa de Sant Sebastià, con una terraza a pie de calle y un local de dos plantas.

Decoración cuidada con predominio de las maderas, muebles robustos y cómodos. Abajo, un comedor diáfano y una barra. En la planta superior, otro comedor con grandes ventanales abiertos que hacen que la temperatura y el ambiente sean muy agradables. También una pequeña terraza exterior y la cocina, parcialmente vista.

Nos acomodamos en la planta de arriba, en una de las mesas que da al exterior, para disfrutar de las vistas.

Aunque para dos es excesivo, nos pedimos tres entrantes para compartir, un arroz y un par de postres, para hacernos una mejor idea de la carta.

Como arrocería es más de mediodías, pero no hay que perder de vista que la carta es larga y las noches de verano calurosas. Combatirlas con vistas al mar, siempre está bien.

Además de los arroces, la carta incluye platos para picar, ensaladas, y pescados de la lonja. Así que se puede ir a comer algo o de festival.

Empezamos con una ensalada de burrata. En un bol ponen el tomate cortado en gajos, añaden un pellizco de sal y balsámico y remueven bien. Es la mejor manera de que el aliño quede distribuido uniformemente. Después, hacen los mismo con la rúcula.

La burrata es artesana, de Caseificio Artigiana, un productor del sur de Bari, en el tacón de la bota. La ponen sobre la rúcula, presionan para hacer una pequeña hendidura y añaden el pesto, ya sabéis, esta mezcla de parmesano, albahaca y piñones. Para acabar, unos tomates secos hidratados, una aceite de oliva de hierbas y unos piñones tostados.

Cuando llega a la mesa el aroma es intenso, el tostado de los piñones toma la mesa e invita a hinchas los pulmones.

No somos muy de balsámico, es excesivamente dulce y roba protagonismo al resto de ingredientes, pero sabemos que gusta. Con el amargo de la rúcula funciona bien. La burrata cremosa y refrescante. Los tomates algo arenosos para estar en temporada. Parece que este año está costando que lleguen esos tomates dulces y sabrosos. Los secos tremendos, intensísimos, un gran bocado junto a la burrata y los piñones.

La última semana de junio es curiosa. Calma antes de la tormenta, aunque ya con muchos más turistas que locales. Llegaron muy escalonados, así que no hubo prisas ni nervios.

En la cocina hay buen ambiente. Se hablan varios idiomas, pero se entienden bien. Omar, jefe de cocina, la gestiona con buen humor.

Seguimos con las bravas. Lavan bien las patatas y las cortan en cubos irregulares conservando la piel. Les dan una primera fritura, a fuego lento, casi un confitado. Escurren y reservan.

Cuando llega el pedido, les dan una segunda fritura, está sí, con más fuego. Escurren y añaden pimentón ahumado, un vez más, ayudándose del bol para que quede bien distribuido. Emplatan y añaden una buena cucharada de “all i oli” y un aceite de pimentón. Así son las bravas por aquí, normalmente sin tomate.

Quedan tiernísimas por dentro y con un ligero crujiente exterior. Muy sabrosas. El “all i oli”, que es más una mayonesa de ajo, tiene la fuerza justa, con sabor, pero librándote de una mala tarde. El aceite ligero. No picaban, pero tenían la intensidad justa. Nos gustaron mucho.

Insistís mucho en saber la opinión de Ana. En general, coincidimos. Ella es menos de pescados y más de postres. Ambos procuramos fijarnos en lo bueno. A veces nos gusta más la decoración, otras las vistas, otras el ambiente, aunque siempre con el acento puesto en la comida.

Seguimos con un plato de producto. Confitan unos ajos laminados y unas guindillas en abundante aceite de oliva. Cuando llega la comanda, ponen una cucharada en la sartén, para que se fría ligeramente la mezcla y añaden almejas, berberechos y mejillones. Dejan unos segundos y añaden un poco de agua, cubren y los dejan hasta que se abren.

Retiran, emplatan y acaban con algo más de ajo y guindilla y un poco de perejil fresco picado. Curiosamente renuncian al caldo, que dejan en la sartén, probablemente para evitar impurezas.

Un plato de esos entretenidos y variando. Ahora un mejillón, ahora un berberecho, ahora un trozo de pan mojado en la salsa. Nos gustaron mucho, la intensidad del berberecho se reduce cuando va acompañado. El confitado hace que tanto ajo como guindilla sean más suaves. Nos pusimos finos.

En casa, cuando comemos arroz, como mucho lo acompañamos de una ensalada. La idea siempre es la misma, acabar y sentirse bien anímica y físicamente. Cuando abusas, las tardes se hacen largísimas y no es plan odiarse a uno mismo.

Cuando salimos, es más difícil resistirse, así que Ana acaba en el gimnasio y yo salgo a correr, o salgo corriendo, depende del día.

Empiezan con el arroz, añaden un buen pellizco de sal y la marca. El sofrito, espeso, una buena dosis, con abundante calamar. Ponen al fuego, añaden un buen chorro de aceite y dejan nacarar el arroz. Después, remueven bien, para distribuir la mezcla de forma uniforme. Curiosamente, con el mango del cazo.

Elaboran un fumet con galeras, cangrejos, pescado de roca y verduras. Cubren bien el arroz y distribuyen. Cuando rompe a hervir, añaden cigalas, gambas, almejas y mejillones y acaban en el horno.

Ahora que están tan de moda estas capas de arroz finas, limpias, con pocos tropezones, llama la atención este festival de ingredientes. Una marinera más clásica, con menos protagonismo para el arroz y más para los productos del mar. El grano suelto y muy intenso.

Reconozco que hemos dado una gran bienvenida a esta moda de la capa fina. Cuando la paella es irregular, y siempre lo es, si se ha acabado al fuego, la mezcla de los granos que han chupado más caldo, con los crujientes de los bordes, es espectacular. Además, somos muy arroceros, así que lo que nos gusta de la paella es básicamente el arroz.

También es cierto que no es para todos los públicos. Muchos disfrutan especialmente de los mariscos. Afortunadamente, hay arrocerías para todos los gustos.

Acabamos con dos postres. Confitan una piña ligeramente, la ponen en la base del plato y añaden un helado de coco. Acaban con coco tostado en láminas.

La tarta de queso la sirven tibia, junto a una confitura de frutos del bosque, también frescos y la acaban con un alquejenje.

La piña muy refrescante, un postre muy de verano. Ya sabéis que a Ana le encanta el coco en todas sus formas. El seco tostado lo empezamos a encontrar a menudo, así que bien.

Lo de la tarta de queso es tremendo. No hay carta que se precie que no la incluya. La versión en monodosis permite un escandallo exacto y mucha agilidad para servirla. Una tarta espesa, no muy dulce, lo que se agradece, y con una buena base.

Estuvimos muy a gusto. Era un día de calor intenso y, con los grandes ventanales abiertos, la brisa del mar y, sobre todo, sin aire acondicionado, el ambiente era perfecto para disfrutar de las vistas.

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Restaurante Barraca Passeig Marítim de la Barceloneta, 1, 08003 Barcelona


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